«Fuiste mi refugio en medio de la tormenta»
Ella llegó cuando yo estaba huyendo. Literalmente. Salí corriendo de casa una noche tras una discusión terrible, sin rumbo, sin dinero. Llovía tanto que parecía que el cielo lloraba por mí. Me senté bajo un puente, empapado y temblando, cuando apareció ella con una chaqueta enorme y una taza humeante.
—¿Necesitas calor? —me preguntó.
Le conté todo. Todo. Sin filtros, sin vergüenza. Y ella solo escuchó. Después me llevó a su casa, me dio ropa seca, comida caliente, y un lugar para dormir. No me pidió nada a cambio.
Durante semanas vivimos así: yo, refugiado en su mundo pequeño pero lleno de calma. Un día le pregunté por qué lo hacía. Me respondió:
—Yo también estuve perdido una vez. Alguien me encontró. Ahora quiero ser esa persona para otros.
Hoy vivo lejos, pero cada año, en aquella fecha, le envío una carta. Solo una frase:
«Gracias por darme un lugar cuando creí que no quedaban.»
