«Tus cicatrices eran bellas»
La conocí en un taller de pintura para personas en recuperación. Tenía tantas cicatrices en los brazos como colores en su paleta. No nos hablamos al principio, solo intercambiábamos miradas que decían todo lo que no podíamos decir con palabras.
Un día, mientras pintábamos, me preguntó:
—¿Alguna vez has visto belleza en algo roto?
Le contesté que no. Entonces tomó mi mano y la pasó por su piel marcada.
—Estas cicatrices me salvaron la vida —dijo—. Son mis batallas ganadas.
Pintamos juntos durante meses. Ella me enseñó que no teníamos que ser perfectos para ser hermosos. Que incluso en nuestra oscuridad, podíamos crear luz. Hoy, cada vez que veo una obra nuestra, veo dos almas que se encontraron para sanarse.
